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La hamaca y los colibríes. Novela de Karine BaridonCapítulo 3 —
Código Rosa
Epígrafes
Siempre he considerado el humor
un arma de seducción masiva.
— ¿Diga? ¿Código Rosa?
Aquí Rosa de medianoche.
Rosa en el punto de mira. Objetivo fijado.
Misil de guiado afectivo activado.
…
¡BUM!
🎧 Audiolibro (en francés) — Capítulo 3, Código Rosa
El texto
Traducción de trabajo, pendiente de revisión por un hablante nativo.
Ese día, le doy un masaje a un hombre en fase terminal.
Inmersión al 100 %. Atención. Afecto. Precaución. Compasión…
— ¡Respira! … Vive el momento presente.
Me subo al coche, miro la hora: ¡Ostras, llego tarde!
Giro de 180°. Primera cita con un desconocido. ¡Tengo que centrarme!
— ¡Respira! … Vive el momento presente.
Salgo pitando como Fangio*, a comprar deprisa y corriendo algo que le ha sobrado a la panadería, justo antes de cerrar. Hala, al fondo del bolso. Me planto delante del mar en un derrape controlado. Tarde, despeinada, sin arreglar, con un perfume de aceite de masaje que llega antes que yo…
Me espera delante de la playa, junto a su bici, con botas de cocodrilo. Inmenso, sonriente, encantador, educado… huele bien… de infarto.
Lo veo. Y lo sé.
No sé lo que sé. Pero lo sé.
Lo conozco desde siempre, de otra vida, quizá. Estábamos destinados a encontrarnos, es evidente, está escrito en alguna parte… solo tengo que dejarme llevar. Es todo lo que sueño: el mar abierto, el viaje, la aventura, los brazos. ¡Es justo en este preciso instante cuando hay que echar a correr!…
Primera vez que me ve, con vestido rojo, sonrisa franca, mirada pura, llena de amor.
Él piensa: ¡Guau!… ¡Vamos a cortar la rosa del jardín!
Lo tiene todo previsto, por si acaso… cesta de mimbre, mantel de cuadros, aperitivo casero, copas, champán… todo a lo grande.
“Grande”, nunca mejor dicho… Aunque, bien pensado, es normal. Viene de Haldorholm, en el Soumerland. Allí todo es llano: ni una colina, ni un cerro, ni un montículo, nada. Así que hay que compensar. Cuanto más alto eres, más lejos ves. Total, que los hombres crecen como bambúes gigantes y parecen espárragos mutantes. Nosotros tenemos las montañas; ellos, los gigantes*. Mide 2 metros: 200 cm de encanto, de 95 a 110 kilos de potencia… ¡Glups!
Rizos de ángel, sonrisa de niño inocente, dientes separados, ¡le invitaba a un helado sin pensarlo! Con su huequecito entre los dientes, justo lo bastante para aparcar una bici, ¡este tío es la suerte personificada!
¡Es guapo! Parece Jeff Bridges* en versión XXL. Tan alto como Magnum* en sus buenos tiempos. Un diente roto en diagonal, tan irresistible como Tom Sawyer*. Encantador del todo.
(Sí, ya lo sé, mis referencias están pasadas de moda, pero en mi defensa diré que no enciendo la tele desde los años 90… será mi avanzada edad.)
Look rockero y rebelde, botas de cocodrilo, camisa azul cielo, pantalón color arena. Se funde tanto con el paisaje que, desde cierto ángulo, pasa totalmente desapercibido. Es El hombre invisible*. Solo lo delatan sus ojos azules. Mel Gibson* en Braveheart*. En resumen, cuando lo veo, caigo rendida.
Su mirada de ángel no me suelta… La verdad es que me inquieta un poco. Tengo como una pequeña duda. No sé si le gusto… ¿o es un retorcido que busca una presa? Su sistema de tracking con seguimiento automático me sigue a todas partes. ¡Parece que su radar de infrarrojos ha detectado un objetivo! Su torreta ha activado el misil:
— Rosa en el punto de mira, objetivo fijado.
DRRIIING. ¡Mis padres!
Seguro que han detectado algo…
¡Uy, ahora no! Lo siento. Echo balones fuera, como quien no quiere la cosa. ¡No es momento de pegarme un tiro en el pie! Sobre todo, no perder la concentración.
A los diez minutos, me relajo… En realidad, más bien parece un crío en una playa de arena, que me apunta con su pistola de agua y me dice:
— ¡Eres mía! ¡Splash!
No puedo resistirme, ¡me gusta en el acto! Y detrás de su mirada pícara, siento… algo muy humano que me toca en lo más hondo… ¡Y no es lo que usted piensa, so malpensado!
Él — ¡Champán! ¡Brindemos! ¡Por el amor!
Yo — ¡Salud! ¡Y felicidad!
Los ojos de Mel no se apartan de mí (alerta, trampa de depredador).
— ¡Eres bella como una rosa!…
Y entonces, sin previo aviso, sin que yo lo decida, ¡una lagrimilla me traiciona!
Replico al instante — Gracias, ¡es increíble lo que me emociona este champán! Soy muy sensible, es superior a mí: en cuanto oigo la palabra espina, lloro. (¡Gracias, La jaula de las locas*!)
En mi cabeza, los comentarios vuelan y se lo pasan en grande. Parece que todos los planetas de mi carta astral se han convocado de urgencia para una reunión en la cumbre:
Mi Venus en Aries — ¡Ay, madre mía! ¡Me atrae como un imán! ¡Me estoy enamorando!
Mi ascendente Libra — ¡Ay, el amor! Es como el champán, ¡se sube enseguida a la cabeza!
Mi Saturno en Capricornio — Y luego… ¡menudo dolor de cabeza!
Mi Escorpio — Una rosa que pincha, con espinas más largas que un día sin pan.
Mi Virgo, pragmática — Una flor alérgica al alcohol, ¡deja ya tu monólogo!
Mi Sol en Tauro — Yo rumio, está en mi naturaleza, no es lo mismo.
¡DRRRRIIIIINNNNG! Mis padres. Otra vez la burra al trigo.
Interrumpo al gigante, cortada — Esquiusmi, ¡es solo un minuto!
Mis padres son pieds-noirs, franceses nacidos en Argelia. Me llaman todas las noches, para mantener el vínculo. Llueva, sople el viento o nieve… ¡auténticos fareros!
Oficialmente, mi padre está jubilado. En realidad, ha creado una unidad especial del CNI*. El Centro Nacional de Inteligencia Familiar. James Bond en misión de espionaje de mi vida privada.
Ha reclutado a mi madre. Es su tapadera, la que le permite mover los hilos a escondidas. Y es bueno para la paz conyugal, dicen. La manda en misión de información, porque su especialidad es tirarte de la lengua. Es una Libra de pura cepa, extrovertida, le encanta crear vínculos, y como a mí también, ¡pues hemos tejido un cordón de kevlar!
Lo quieren saber todo.
Mi madre — Buenas noches, cariño, ¿dónde estás?
Yo — Siempre en tu corazón, mamá querida.
Mi madre — ¿Estás sola, mi amor?
Yo — No (nunca he sabido mentir), luego os llamo.
Mis padres — ¡Habla más alto! No entendemos lo que dices… ¡Tu teléfono no funciona! ¿Por qué no puedes hablar con nosotros?
Yo — ¿Vosotros qué creéis? Vuestras llamadas son el killer de las oportunidades. ¡Me habéis volado la tapadera! A este ritmo, ¡me voy a quedar para vestir santos*!
Mis padres — Ay, siempre tienes que exagerar, ya estamos con el dramón…
Yo — Estoy con un Vikingo, alto como un jugador de baloncesto y cachas como uno de rugby. ¡No me puede pasar nada! ¡Todo va bene!
Mi padre es un radar de control en alerta máxima.
Mi padre — ¿Y ese quién es? ¿De qué lo conoces? ¿De dónde viene? ¿Cómo se llama?
Mi madre — No deberías quedar con un desconocido, ¡es peligroso!
Yo — Gracias, lo guardo entre No salir sola de noche a los 54 años y No planchar la ropa mientras la llevo puesta. ¡Tranqui! ¡Y respiramos!
Se ponen en lo peor:
Mi madre — ¡Pero esto puede acabar muy mal!
Yo — Llevo chaleco salvavidas, por si la noche acaba en plan Titanic*.
Mi madre — ¡Sobre todo, ten cuidado!
Lo quieren tener todo previsto:
Mi madre — ¿Y a qué hora vuelves?
Yo — Justo después del concierto en directo. Pronto, como las gallinas, cuando se pone el sol.
Mi padre, 83 años — Me llamas en cuanto llegues, me mandas un mensaje.
Yo — ¿Quieres también mi itinerario, para el club de adultos vigilados las 24 horas?
Mi madre — Solo queremos asegurarnos de que todo va bien.
Yo — Sí, ya lo sé, cinco veces al día, a 10 euros el timbrazo, ya sería millonaria…
Mi padre — Y nosotros arruinados… así que piensa en los derechos de autor.
Yo — Vale, apagad vuestro GPS parental. Un poco de espacio, o me pongo en modo avión.
Se ríen, cómplices… pero preocupados:
Mi padre — Llévate el chubasquero, por si acaso.
Mi madre — ¡Jean! ¡No le metas ideas raras en la cabeza!
Mi padre — ¡Tranquila! ¡Lo que es ese, las ideas no las tiene precisamente en la cabeza! Solo la estoy avisando, nada más.
Yo — Gracias. ¡Que paséis buena noche! ¡Clic!
Me doy la vuelta… ¡Uf! ¡Sigue ahí!
Unas horas más tarde…
¡He pasado una velada maravillosa! Vuelvo a casa volando; él vuelve a la suya en bici. Nos dormimos cada uno en su casa, en la misma nube rosa. Con la sonrisa en los labios, mecidos por una onda sensual*… Vaya, se me ha olvidado. Vuelvo a encender, anulo las otras citas y borro mi cuenta. Uf, aliviada, apago.
DRRRRIIINNG. Mamá.
Es tarde, ¿y si es urgente? Ante la duda, descuelgo.
Yo — Buenas noches, mamá.
Mi madre — ¡Cariño! Bueno, ¿qué tal la velada con ese Vikingo?
Yo — ¡Estupenda! Seguramente nos volvamos a ver mañana.
Mi padre — ¿De dónde es? ¿Cómo se llama? ¿A qué se dedica?
Yo — Sverre af Haldorholm, viene del Soumerland. Defiende a los Vikingos víctimas de los monstruos marinos*, pero no sé nada más. ¡Seguro que lo conoceréis!
Mi padre — Vale, ¡buenas noches, cariño!
Mi madre — ¡Corre, pon La 2! Echan La agencia*.
Yo — No me gustan las series de policías…
Mi madre — ¡Que no, que es de inmobiliaria, de lofts de lujo en Dubái!
Yo — No me interesa.
Mi madre — Pues pon La 1, que salen niños cantando. ¡Te va a encantar!
Yo — Mamá, tengo sueño. ¡Me estaba quedando dormida!
Mi madre — ¿Por qué? ¿Estás enferma?
Mi padre — ¿Qué le pasa? ¿Está mala?
Yo — No, todo va bien. ¡Pero ya sabéis que no veo la tele!
Mi madre — Eso es culpa de tu padre. Me ha dicho que no te llamara. Pero ya me conoces, por llevar la contraria, te he llamado enseguida. ¡Y TOMA!
Yo — Gracias, pero tengo sueño. ¿Y si pasamos la llamada de la noche a las 10 de la mañana?
Mi padre — ¿Por qué, te molestamos? Total, por la noche no haces nada, ¿no?
Yo — Pues sí, un detallito: mi vida… No quiero acabar como Bridget Jones*.
No dicen nada. Pero me lo imagino… seguramente me equivoco.
Mi padre — Ya es tarde, has pasado del medio siglo.
Mi madre — Esto no habría pasado si nos hubieras hecho caso y te hubieras casado con un buen chico, hijo de pieds-noirs, como nosotros.
Mi padre — ¡Pero a ti te va lo exótico! ¿Y qué tienen ellos que no tengamos nosotros, eh? ¿Me lo puedes decir? ¡Nada de nada! La prueba: ¡se pelean con sus padres y con toda la familia! Yo ya se lo dije enseguida a tu madre: ¡a esa gente le falta un hervor!
Pero no… ¡me estoy montando películas! … Acabo de conocer al Vikingo. Estoy en mi nubecita rosa.
Yo — Buenas noches. ¡Os quiero! Clic.
Pfff… Demasiado tarde… ya me he desvelado del todo…
Vale, voy a leer… Pero imposible concentrarme. Llevo cinco minutos releyendo la misma página. Pienso en el Vikingo… No, en realidad, si soy sincera, solo pienso en el Vikingo. Parece que mi cerebro no consigue desconectar… A decir verdad, no hay nada más que… el Vikingo, mi alegría y el alivio que viene con ella.
¡El domingo es Show!
El periodista — ¿Cómo empezó todo?
La autora — Pues mira, el año anterior me abren en canal. Dos veces, una detrás de otra. Vuelvo a trabajar demasiado pronto: otra vez al quirófano. Larga convalecencia. Aprovecho para pintar cuadros y hacer un curso a distancia sobre las relaciones. Al final, me dicen que me apunte a una web de citas. No me hace ni pizca de gracia. Vuelvo a trabajar por mi cuenta, para ponerme al día.
Y luego, al cabo de un tiempo, me aburro un poco, y por fin decido lanzarme.
El periodista — ¿Qué te atrae de su perfil?
La autora — Más allá de su foto, hay que entender que desde niña me han acunado los sueños de otros lugares. Así que quizá tenga que ver con que los extranjeros me hacen tilín a menudo.
El periodista — ¿Y confías en él enseguida?
La autora — No, al principio desconfío. No quiero dejarlo entrar en mi hamaca antes de que me enseñe la patita por debajo de la puerta. Luego me propone ir a verlo a su drak-car. Y bastante rápido nos convertimos en esa pareja un poco rara, con ese niño grande desmadrado y yo, que solo aspiro a compartir mi hamaca con mi cariño.
El periodista — Volvamos a tu Galería de joyas imperfectas. (proyecta en pantalla grande la imagen del perfil de Coraline en la web de citas) ¿La autoironía es tu armadura?
La autora — Pues mira, nací en una familia de pieds-noirs, que se ríen de todo, de todo el mundo y de sí mismos. Así que aprendí muy pronto a ser la primera en reírme de mí misma, ¡para ganarles por la mano a los guasones!
El Vikingo — O por miedo a que alguien señale tus defectos.
La autora — Nadie es perfecto… ¿o tú sí?
El Vikingo — Yo soy un semidiós, humano solo a medias, es distinto.
El periodista — ¿Y qué le propones al lector?
La autora — ¡Que escriba su anuncio con una pizca de autoironía y que ponga en el escaparate sus tres defectos más bonitos, en su propia Galería de joyas imperfectas*!
El periodista — ¿Y qué tal tu experiencia con las webs de citas?
La autora — Uf, es un poco como visitar un cementerio de buenas intenciones, lleno de zombis que se lanzan sobre todo lo que se mueve. ¡Mejor deslizar que naufragar!
El periodista — ¿Por qué miraste un perfil en un idioma que no entendías?
La autora — Seguí mi intuición. Hay que decir que su foto derribó todas mis resistencias. Así que sacié mi curiosidad. Tenía que saber quién era ese escritor venido de otro mundo. ¡No podía dejarlo durmiendo en la bañera vacía de esa web! A ese no lo echaba yo de la cama.
El Vikingo — O simplemente eras demasiado vaga para buscar un diccionario.
La autora — En aquella época, no podía adivinar que hablabas troll.
El periodista — Tu lagrimita llegó como un cometa, ¿qué escondía?
La autora — Algo que reprimí enseguida. Cuando eres sensible, te proteges… no te muestras vulnerable en la primera cita. Les di las gracias a mis padres por interrumpirme, para no delatarme yo sola, acusándolos a ellos de delatarme.
El Vikingo — ¡Lógica femenina! Es más fácil que reconocer lo que uno siente.
El periodista — Tus padres te llaman en plena cita… ¿es una costumbre?
La autora — ¡Una costumbre sagrada! El CNI-F no libra nunca.
El Vikingo — Personalmente, me pareció enternecedor saber que su familia podría identificar su cuerpo si desaparecía en el mar.
La autora — Tranquilo, saben localizar mi posición, inventaron el GPS.
El Vikingo — En cualquier caso, cuando el bip de mi corazón se disparó, supe enseguida que me había tocado el gordo. Objetivo fijado… ¡bum!
La autora — ¡Lo del gordo, nunca mejor dicho! Yo también me lo creí, nadie me había dicho que era un rasca y gana…
El periodista — Pues mira qué bien, llevo monedas: ¿rascamos juntos después de la pausa?
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Un corazón, ¡para decirme si te ha gustado!
Una novela gratuita para leer en línea: bio, reciclada, ideal para encender la chimenea en las largas noches de invierno. Convierte el caos en una mina de oro creativa, los miedos en risas y a los lectores en creadores. Residuo cero. Muy ecológica.
Temas del capítulo
Primera cita · conocer a un desconocido · flechazo · seguir tu intuición en el amor · padres preocupados y controladores