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La hamaca y los colibríes. Novela de Karine BaridonCapítulo 6 Show-bis —
La locomotora y el ancla — La entrevista
Epígrafes
Papá — ¿Mi hija, un genio? Que yo sepa, no… ¿a menos que haya frotado una lámpara?
Mamá — Cuando se suben los humos, sube la tensión.
Mi hermana — Querer es encajar.
🎧 Audiolibro (en francés) — Capítulo 6 Show-bis, La locomotora y el ancla
El texto
Traducción de trabajo, pendiente de revisión por un hablante nativo.
¡El domingo es Show!
El periodista — De vuelta en el plató, recibamos con un fuerte aplauso a la familia Solemare. Gracias a todos por estar aquí.
Mamá — Faltaría más, es nuestra hija.
Papá — ¡En la vida y en la muerte!
Mi hermana — ¡Y por partida doble!
El periodista — Primera pregunta: ¿cómo llevan lo del teléfono con ella?
Papá — Nosotros la llamamos todos los días, es así, ¡y punto!
Mamá — La tradición es la costumbre que queda cuando se ha olvidado todo. Jean y yo, para no perder la memoria, entrenamos para el maratón de citas…
Papá — ¡Y encima juego al bridge! ¡Ya me he aprendido 2 archivadores de reglas! ¡Tengo una memoria de elefante!
El periodista — ¿Cuál es la filosofía de la familia?
Papá — Nada es grave, hay que quitarle hierro,
Mamá — y mantener el equilibrio: autoironía y sentido común con los pies en la tierra,
Mi hermana — ¡es la sabiduría que hemos recibido en herencia!
Papá — Cada uno tiene su especialidad. ¡La mía es más bien la política!
Mamá — Ay, no, ¡otra vez no! Deja de refunfuñar. El pesimismo es de humor; el optimismo, de voluntad, como dice Alain*.
Papá — Uno elige ser feliz, aunque solo sea para dar ejemplo. Jacques Prévert*.
Mamá — Sobrevivimos riéndonos de nosotros mismos, y de los demás, que siempre es mejor que liarnos a tiros.
El periodista — ¿Y qué piensan de su relación con el Vikingo?
Papá — La primera vez que lo vimos…
Mamá, cortándole — ¡Nos gustó a todos! ¡Nos conquistó!
Papá — Su madre y yo nos miramos. Nunca la habíamos visto tan feliz.
El Vikingo — ¡Es verdad! No tocábamos el suelo, flotábamos a 3 metros.
Mamá — No le quitaba los ojos de encima, y hablaba de ella a todo el mundo, hasta al panadero. Hacían una pareja preciosa, gente que no los conocía de nada los paraba por la calle para decírselo.
Mi hermana — Doy fe. ¡Estaban radiantes! Y muy enamorados, ¡saltaba a la vista!
Papá — Pero luego, cuando lo conocí mejor, se lo dije enseguida a Renata: a este algo no le funciona, ¡está peleado con toda su familia! ¡Y bebe demasiado! ¡Bebe como diez cosacos! ¡Aquí hay gato encerrado!
El Vikingo — ¡Se nota que no conoce usted a mi padre! No todo el mundo es como usted, un padre de verdad para sus hijas. Usted se queda en la superficie, pero yo soy como las cebollas: ¡tengo capas!
Papá — Sí, ya lo habíamos notado: ¡y la de tonto la tienes bien gorda! Yo digo lo que pienso, ¡y punto!
El Vikingo — ¡No lo entiende! Yo quiero a mi familia, ¡es ella la que no me quiere a mí! Así que, ¿sabes adónde te puedes ir con tu optimismo familiar?
Papá — ¡Lejos, muy lejos, mucho más lejos que tú!
Mi hermana — ¡Hala, pues ya está! A ver, vamos a calmarnos… ¡Sobre todo porque, en realidad, es facilísimo! ¡Es el triunfo de las proyecciones sobre el sentido común! Se juntaron por amor, luego esperaron cambiarse el uno al otro, así que, claro… cada uno acabó, inevitablemente, decepcionado. No hace falta hacer un dibujo, ¡aunque mi hermana haya hecho una novela!
El Vikingo — Por mucho que me haga el duro, a veces me pregunto si no seré solo un crío que tiene miedo de quedarse solo…
Mi hermana — Doy fe: en aquella época solo la tenías a ella. Aunque por la calle todo el mundo se volviera a mirarte, en tu casa ya no contestaba nadie. Ella era tu único salvavidas.
Mamá — Da igual, todo eso ya pasó. Se acabó, no sirve de nada darle vueltas, no se puede volver atrás. Y además, lo que no te mata te hace más fuerte, como diría Nietzsche*.
Papá — Tu madre tiene razón, estoy de acuerdo con ella. Se planta cara y se sigue adelante. ¡Es la valentía de cada día!
Mamá — ¡Venga, ánimo! ¡Querer es poder! ¡Una vez hecho, todo se ve mejor! Más vale fracasar apuntando alto que triunfar quedándose en la mediocridad, ¡toma ya! Sigue adelante, cariño, aunque sea cojeando y cantando, el camino es estrecho y difícil de recorrer, como dice Somerset Maugham*, así que cuando llegues a una bifurcación, tómala, que la intendencia ya seguirá… ¿quién dijo eso*, que ya no me acuerdo? Me aprendo una cita al día, ¡tendré que repasar mi lista!
Papá — Estoy de acuerdo con tu madre; por eso me casé con ella, por cierto. Cuando la vi, me dije: es la mujer más guapa del mundo, y la mejor arma contra la inercia. Como dice ella siempre:
— Bueno, Jean, es la hora, ¿nos vamos? — Venga, Jean, ¿nos vamos? — Jean, ¿esta vez nos vamos o me voy yo sola? Y como ella ya ha salido delante, ¡siempre tengo que ir corriendo detrás para alcanzarla!
Mamá — ¡Por lo menos así te mantienes en forma! A mí me gusta preverlo todo y comprobar que todo sale como estaba previsto, ¡para dormir tranquila!
Papá — Desde luego, deberías haber trabajado en una aseguradora, ¡de tanto anticipar lo peor! Eso es la serenidad: ¡el pánico bien llevado!
El periodista — ¡Qué animados están!
Papá — En casa somos así: ¡hacemos ruido porque estamos vivos! ¡Desafinamos, pero a coro! Somos un dúo cacofónico, pero armonioso, ¡nosotros por lo menos!
Mamá — ¡Por eso estoy medio sorda, por cierto!
Papá — ¡Ponte los audífonos, que oirás mejor!
Mamá — ¡No funcionan, me aumentan el pitido!
Mis padres, al unísono — ¡Nosotros siempre estamos de acuerdo en lo esencial!
El periodista — Coraline los llama la locomotora y el ancla, ¡son ustedes un dúo legendario! Han pasado ya las bodas de diamante, eso es poco habitual, y es precioso. Entonces, ¿qué piensan del matrimonio?
Papá — En nuestros tiempos, el matrimonio era sagrado. ¡Ahora es la principal causa de divorcio!*
Mamá — ¡Es que los jóvenes no tienen paciencia ninguna! Se van al menor contratiempo. Tu padre y yo hemos hecho esfuerzos todos los días para aguantarnos.
Papá — Nosotros tampoco tenemos paciencia, así que gritamos más fuerte que tenemos razón, ¡eso nos ayuda a aguantarnos!
Mamá — Pero en el fondo, tu padre es un sentimental con un corazón enorme, ¡se puede contar con él! No como otros… (¡Al Vikingo le cae un rayo fulminante en el otro ojo!)
Papá — ¡Y viceversa! Tu madre es un coñazo, pero nunca me habría casado con otra. ¡Es perfecta! Tiene un corazón valiente, ¡y eso hoy en día escasea!
Mamá — Así que ¡cásate con el bueno y serás feliz!
Papá — Con el malo, te volverás filósofa… como decía Sócrates*.
El periodista — Entonces, ¿creen que Coraline es un genio?
Papá — ¿Mi hija, un genio? Que yo sepa, no… ¿a menos que haya frotado una lámpara?
Mamá — Cuando se suben los humos, sube la tensión. Es una artista, tiene mucha imaginación, se monta sus películas.
Papá — ¡El genio es un 1 % de inspiración y un 99 % de transpiración!*
Mamá — El trabajo aleja 3 grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad. No me acuerdo de quién lo dijo*, ¡pero la he colado!
Papá — Lo suyo es más bien un talento oculto: ¡se ríe de sus padres! ¿A quién habrá salido?…
Mamá — Jean tiene el don de observar y de leer el futuro,
Papá — ¡y mi mujer, el de prender la mecha! ¡Así que yo le presto el mechero!
Mamá — ¡Y también hay que decir que Coraline es un imán para las catástrofes!
Yo — ¿Lo dices para apoyarme o para gafarme?
Mi hermana — Querer es encajar.
Yo — Mantener la calma es mi única competencia certificada, para ser honesta.
El periodista — Y justamente, ¿qué haces para seguir siéndolo… honesta?
El Vikingo — Ah, eso lo dices tú, pero está por demostrar.
Yo — Digamos que crecí en una familia donde cualquier defecto se exageraba enseguida, con tal de que hiciera gracia. Así que aprendí muy pronto, tras unas cuantas burlas en público, que la mejor defensa para desactivar la crítica era atacarme yo misma primero, con una metáfora.
Mamá — Metáfora o no, ¡nosotros siempre estamos ahí para ti! Minimizamos los riesgos.
Yo — Sí, es verdad, ¡nunca me habéis dejado tirada! ¡Pero eso no es motivo para cargarme vuestros miedos a la espalda! A ver, ¿tú de qué tienes miedo, en realidad?
Mamá — ¡Yo no tengo miedo de nada! ¡No como tú! ¡Toma ya!
La autora — Lo confieso, a veces… tengo miedo de todo. Pero hago como que no tengo miedo de nada, para tranquilizaros.
Mamá — ¿De verdad que no sé a quién habrás salido? Como te he dicho siempre: ¡tú avanza, que el miedo retrocede! Pero tú, cariño, ¿qué haces cuando tienes miedo?
Yo — Lo que tú me enseñaste: ¡relativizo! Tengo miedo, pero avanzo; improviso con estilo. No tengo plan, pero tengo salidas. La verdadera fuerza no está en controlarlo todo, sino en seguir avanzando, a pesar del miedo y de las dudas.
Mamá — ¡Pues eso es justo lo que me da miedo! Yo soy fuerte, me anticipo. Pero tú eres demasiado sensible. Avanzas a ciegas, ¡como los avestruces! Y tú, Jean, ¿tienes miedo por ella?
Papá — ¡Pues claro! Pero le damos la mano. Hacemos lo que podemos.
Mamá — ¡Yo no tengo miedo! ¡Toma ya! Pero le doy la mano a Jean de todas formas, ¡para apoyar a nuestras hijas! ¡Nosotros nunca las dejaremos tiradas! No como otros… y no señalo a nadie… (Mamá fulmina al Vikingo con la mirada. ¡Fulminante! ¡Todavía le sale humo de la cabeza!)
Papá — ¡Tienes mucha suerte de que nuestra hija sea tan buena! ¡Conozco a otra que no te habría dejado títere con cabeza en su libro!
Mamá — ¡Solo que yo no escribo NADA! Las palabras vuelan, lo escrito queda.* Yo desconfío de lo escrito. NUNCA hay que creerse todo lo que está escrito, ni ser demasiado crédulo. SIEMPRE hay que tomar distancia. ¡Que algo esté escrito no quiere decir que sea verdad! Como mucho, es el reflejo de las opiniones del autor, ¡si es que las tiene! La mayoría de las veces, son solo sus emociones pasajeras,
Papá — un vertedero de chorradas.
Mamá — Por eso yo solo sé que no sé NADA, como decía Sócrates*. ¡Así nadie me puede acusar de NADA!
Papá — ¡Palabra de Doña Consejos! ¡Novedad, recién salida del horno! Pues ¡cuando no se sabe nada, se cierra el pico!, como decía Coluche*.
Mamá — Puedes intentarlo, ¡pero no vas a ser tú quien me cierre el pico!
Papá — Hay algunos que ni eso saben… como diría Sócrates.
Mamá — Otro chivo expiatorio que molestaba a los poderosos porque dejaba en evidencia su ignorancia… ¡Acabó en el banquillo de los acusados, condenado a muerte, el pobre!
Papá — ¡Otro tío que hacía preguntas inteligentes, juzgado por cuatro gilipollas!
El periodista — ¡Menuda familia!
Papá — Sí, en casa la familia es sagrada. ¡Nos queremos, nos apoyamos, nos sostenemos!
El periodista — A veces, eso puede ser el origen del problema…
Papá — Lo asumo, ¿y qué? Nadie es perfecto.
Mamá — ¡Y menos los que lo aparentan!
Papá — ¡En toda iglesia hay alguna campana que desafina!* A mí me da igual, ¡soy protestante!
Mamá — ¡Solo hacemos lo que podemos!
Papá — Y como digo siempre: ¡Maktub! ¡Está escrito! No lo dominamos todo. No se puede controlar todo.
La autora — ¡Entonces no sirve de nada preverlo todo!
Mamá — Efectivamente, más vale actuar enseguida.
Papá — La familia es nuestro núcleo duro. Así que, si hay lío, se arregla el problema y ¡a otra cosa, mariposa! Asunto zanjado.
Mamá — Exacto, cada problema tiene su solución. ¡Así que más vale reírse!
Mi hermana — Pensándolo bien, Coraline ha mantenido la tradición familiar. Convierte las ideas graves en sonrisas, ¡y eso hace pensar! Con su novela, hay otras maneras de llorar que delante de TeleKata. Se puede llorar de risa, ¡así se compensa!
El periodista — ¿Están de acuerdo con su hija Helena? ¿Qué piensan del libro de Coraline?
Mamá — ¡No! ¡Yo no estoy de acuerdo!
Papá — ¡Ya me extrañaba a mí!
Mamá — ¿Y qué? Yo también digo lo que pienso, ¿qué te creías? Además, ya se lo dije a Coraline: El secreto para aburrir a todo el mundo es decirlo todo. Lo mejor es enemigo de lo bueno… como decía Voltaire*… Todo eso es palabrería para los que prefieren mirarse el ombligo en vez de actuar. Pensar es decir que no… con educación. Actuar es hacerlo, ¡ya! ¡A mí nadie me impone nada! ¡No va a ser su Vikingo el que me impresione!
Papá — ¿El secreto para aburrir a todo el mundo? ¡Eso díselo a los políticos!
Mi hermana — ¡Ya está! ¡Vuelve TeleKata! No los lancéis con ese tema, ¡que nos dan las uvas!
La autora — Pues yo igual: he dejado de votar a mi ex… Más vale ser libre.
El periodista — Volvamos al Vikingo, si les parece.
Mamá — ¡Y pensar que caímos en la trampa! Pero a mí no me la pega 2 veces. Hay que reconocer que tiene un encanto loco, este pedazo de melón. Nos gustó desde el principio, ¡le teníamos cariño!
Papá — Sí, es verdad. Hasta le dije a Coraline: ¡ahora ya no me preocuparé más por ti! Pero al final, ¡no es más que un capullo!
Mamá — ¡Jean! ¡Qué maleducado!
Papá — ¿Y qué? ¡No haberle hecho daño a mi hija!
El periodista — Sverre, ¿no dices nada?
El Vikingo — Un caballero nunca pierde la calma, ¡y menos con las personas mayores! ¡Pero es culpa suya que ella no sepa decir que no! ¡La han sobreprotegido! Yo, por lo menos, intenté salvarla, para que por una vez se las arreglara sola. ¡Es una cuestión de honor!
Papá — ¡Qué honor ni qué leches! El honor está muy bien, ¡ACTUAR está mejor! Seré un viejo cascarrabias, ¡pero por lo menos soy leal! Refunfuño, ¡pero cumplo! ¡Yo sí la protejo!
Mamá — ¡Menos mal que estamos aquí, anda! La familia no se elige, ¡pero sí se elige defenderla con uñas y dientes!
Papá — ¡Que seamos más feos que tú no quiere decir que no tengamos corazón!
Mamá — Y nosotros sabemos defendernos. ¡Así que a nosotros no nos la cuelas!
El Vikingo — ¡Me encantan tus padres, son geniales! ¡No se dejan pisar!
Mi hermana — Eso es quedarse corto, es uno de sus muchos talentos.
Mamá — Yo desconfío de la gente que hace cumplidos, ¡siempre tienen segundas intenciones! Se te ve el plumero.
Papá — ¡Que tú nos tengas cariño no quiere decir que nosotros te queramos! ¡Toma ya!
Mamá — Nos da pena que tu familia no te apoyara. ¡Es triste! Además, ¡en nuestra casa eso no habría pasado nunca!
Papá — ¡Pero eso no era motivo para vengarte con nuestra hija, la pobre!
Mamá — ¡Ella no te ha hecho nada! Conozco a mi hija, ¡no hay nadie más buena que ella!
Mi hermana — Tienes fuerza de sobra para soportar su desgracia; se lo perdonas todo, menos que triunfe sin tu permiso. Por eso estás aquí, por cierto. ¡No nos chupamos el dedo!
La autora — Vale, ya lo hemos entendido. Basta de linchamiento colectivo. Es verdad, hombre, errar es humano*, muchas veces se hace más por amor que por verdadera maldad…
Papá — Sí, pero aun así… Él es como su padre: ¡un coñazo! ¡Y encima insiste! Me recuerda a tu madre. ¡Ella también es como su padre, e insiste!
Mamá — ¡Eso es que se me ha pegado lo tuyo con los años! ¡Toma ya! Bueno, no es por nada, pero el tiempo vuela, así que yo quiero saber qué hora es. Jean, ¿tienes hora?
Papá — Sí, ¡hora de irse, que si no llegamos tarde!
Mamá — Bueno, pues nos vamos, que es la hora. Venga, cariño, un besazo, ¡y no te dejes pisar por este borrico grandullón!
Mamá, al Vikingo — Venga, sin rencores, ¡que te lo tenías bien merecido!
Papá — ¡Estamos orgullosos de ti, cariño! ¡Luego te llamamos! Adiós, señor periodista, gracias por recibirnos. Adiós, Sverre… Cuidadito, ¡que te tenemos echado el ojo!
Mamá, al periodista y al Vikingo — Ah, por cierto, que se me olvidaba… Tomen, les he hecho una coca a cada uno, porque sé que al Vikingo le gusta… Y no vamos a quedarnos enfadados. Es una especialidad pied-noir, ¡ya me dirán qué tal!
El Vikingo — ¡Qué detalle tan bonito! ¡Muchísimas gracias!
El periodista — Se lo agradezco. ¡Vuelvan cuando quieran!
Mamá — Coraline, tú no comas, ¡que está a régimen! Venga, adiós, cariño, ¡y no vuelvas muy tarde!
El periodista — Qué dúo tan formidable… ¡Vaya familia!
Mi hermana — Sí, 2 fuerzas de la naturaleza, ¡hay que seguirles el ritmo! Y es que a mis padres no se les puede decir que “no”. ¡No es el estilo de la casa!
La autora — Sí, en casa nos queremos fuerte, gritamos fuerte, nos avergonzamos fuerte, nos reímos fuerte… y lo demás es solo el ¿pero por qué? de la vida.
El periodista — ¿Y tu hermana?
La autora — Tiene mucho humor. Le encanta hacernos reír. Es muy intuitiva, lo capta todo y lo adivina antes de que hables.
Mi hermana — Ahora, por ejemplo, me vas a pedir un favor.
La autora — Sí, ¡y gordo! Sabe nadar y guardar la ropa: se adapta, contenta a todo el mundo… para hacer lo que le da la gana. Su presencia calma, lo entiende todo antes incluso de que se lo expliques. Fue ella quien me dijo un día: más vale ser libre que tener razón.
Mi hermana — ¡No desveles mis técnicas!
El periodista — Como homenaje a tus padres, has decidido organizar un concurso de citas, ¿no?
La autora — ¡Sí! Cuéntanos una historia graciosa, cuela tus citas y luego comparte tus joyitas* para que latan nuestros corazoncitos.
¡Driiiiiiiing!
La autora — ¡Uy, lo siento! ¡Mis padres!
El periodista — ¿Ya? ¡Pero si se acaban de ir!
El Vikingo — Me recuerdan a los Nøkk, esos espíritus traviesos, llenos de energía, ¡que se pegan a los barcos como lapas!
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Temas del capítulo
Una familia que grita fuerte y se quiere fuerte · cuando tu pareja y tu padre se enfrentan