Sentado con las piernas cruzadas en la cubierta del barco, el Vikingo escribe con pluma estilográfica en una libreta, rodeado de una brújula, un café y cartas náuticas — La hamaca y los colibríes, ficha práctica para escribir

¿Cómo dejar de darle vueltas a la misma escena?

Si no lo ves claro, escribe

No es una terapia. Es una técnica para poner orden.

La claveMientras está en tu cabeza, da vueltas. En el papel, se para y puedes mirarlo.

Cuando te pasa

Una conversación salió mal. Terminó hace 3 días, y aun así sigue: rehaces el diálogo en la ducha, encuentras la respuesta buena a medianoche, te duermes con ella, te despiertas con ella.

Intentas pasar página. Vuelve. Intentas hablarlo. Te dicen «déjalo estar», y no se deja.

Por qué da vueltas sin parar

Un pensamiento no escrito no tiene principio ni final: vuelve a pasar una y otra vez porque nada indica que ya está tratado. Ocupa sitio y sigue borroso — y mientras está borroso, parece enorme.

Escribirlo no lo hace desaparecer. Le da bordes. Y lo que tiene bordes tiene un tamaño: a menudo mucho más pequeño de lo que creías.

La reglaMientras una cosa está borrosa, es todopoderosa. En cuanto se nombra, vuelve a tamaño humano.

Cómo hacerlo, en 4 gestos

  1. Escribe la escena tal como pasó. Sin analizar, sin explicar, sin buscar quién tiene la culpa. Lo que se dijo, lo que se hizo. 10 minutos, seguidos, sin releer.
  2. Subraya la frase que se atasca. Casi siempre hay una sola — no toda la escena. Es ella la que da vueltas, no lo demás.
  3. Reescribe la misma escena en comedia. Los mismos hechos, pero exageras: ponles un mote ridículo a los personajes, añade una voz en off, imagina que es una serie. Este gesto es el que hace el trabajo — no porque tenga gracia, sino porque te obliga a mirar la escena desde fuera.
  4. Cierra la libreta. No relees, no corriges, no se lo enseñas a nadie. La sesión ha terminado.

⚠ Lo que esta ficha no es

No es escritura terapéutica, y no sustituye a nadie. El objetivo no es curarse de algo: es sacar una escena de tu cabeza para poder decidir qué hacer con ella.

Y hay un momento en que el ejercicio no conviene: si escribir la escena te deja peor que antes, para y cierra la libreta. Algunas cosas piden a alguien delante, no una página.

Por último, convertirlo en comedia no quiere decir quitarle importancia. Quiere decir cambiar de sitio: pasas de estar dentro de la escena a estar delante de ella. Lo que pasó sigue siendo lo que pasó.

Lo que cambia

El bucle se para, en general esa misma noche. Y recuperas algo inesperado: una vez escrita la escena en comedia, por fin ves qué quieres hacer con ella — hablarlo, dejarlo estar, o poner un límite. Mientras daba vueltas, no podías decidir nada de nada.

Para entrenarte

Una vez por semana, con una contrariedad minúscula: la cola, el comentario torcido, la cita fallida. Se practica con las pequeñas, para que esté disponible con las grandes.

No es la escena lo que agota. Es repetirla sin escribirla nunca.

2 fichas que van con esta:

El diario humorístico — para lo que no se pudo decir.
Escribe la peor versión posible — cuando la página sigue en blanco.