Coraline medita levitando dentro de una burbuja irisada, con un jardín zen debajo; a la izquierda el Vikingo, rojo de ira, empuja la burbuja con las dos manos; a la derecha otro hombre, agotado y chorreando, se ha sentado en el suelo — La hamaca y los colibríes, ficha práctica Recupera tu espacio y tu tiempo
Colibrí, el icono de las fichas prácticas de La hamaca y los colibríes

¿Cómo decidir sin ceder a la presión?

Recupera tu espacio y tu tiempo

Aunque te metan prisa para que contestes ya, siempre eres tú quien elige: si contestas o no, cuándo y cómo. O si lo aplazas.

La soga aprieta

Es Nochevieja.

— Uno levanta la voz.
— El otro te pone de testigo.
— Te empujan a tomar partido. «Elige bando, o te arrepentirás».
— ¿Y tú? Estás atrapado. No puedes irte, sería un escándalo. No puedes quedarte, no aguantarás ni 20 minutos. Así que te callas, sonríes y esperas a que pase. Conclusión: desapareces de tu propia fiesta.

O bien…

Réplica

— «Yo no decido bajo amenaza».

Al fin y al cabo, eres tú quien decide. Mantente en tus trece, en tu sitio.

Extracto del capítulo 16 — La pava rellena de castañas

¿Y si no te sale a la primera? Necesitas 2 minutos.

Lleva tu atención al cuerpo

No cambias a los demás. Te cambias a ti.

Tu cuerpo está en alerta, y no sale ni una frase. Observa, y ve soltando poco a poco.

Has dejado de respirar — vuelve a hacerlo.
Tienes los hombros subidos — suéltalos.
Estás hundido en la silla, o sentado en el borde — recupera tu sitio.

Mientras tu cuerpo esté en alerta, tu cabeza busca la salida en vez de decidir qué hacer en tu interés.

Vuelve a tu cuerpo: cuatro gestos, y la cabeza sigue

  1. Apoya toda la planta de los pies en el suelo. O sal a caminar. Superefectivo.
  2. Dirige tu respiración. Inspira y espira un hilo de aire, despacio. Cuanto más largo, mejor.
  3. Crea tu burbuja a tu alrededor. Recupera tu espacio.
  4. Exprésate. Tienes algo que decir, dilo. Tu frase: «Esta noche no decido. Lo haré más tarde, con la cabeza despejada». Recupera tu tiempo.
    Si te da miedo olvidarla, repítela de antemano, para sacarla cuando la necesites.

⚠ No es para tragártelo todo

Y menos aún para quedarte indefinidamente en una habitación donde te maltratan.
Si tienes que repetirlo cada 10 minutos durante toda la noche, la verdadera respuesta no es el ejercicio: es la puerta.

Lo que cambia

Dejas de oscilar entre explotar y desaparecer. 2 minutos para tomar distancia, y elegir lo que haces después: contestar, callarte o irte. Eres tú quien elige, no el ambiente.

Para recordar

Una buena réplica vale más que mil silencios.
Recupera tu espacio y tu tiempo: ahí es donde decides.

Ficha práctica 02 — Recupera tu espacio y tu tiempo
«Mi pluma es mi NO».
Novela La hamaca y los colibríes, de Karine Baridon.

Mirar a los colibríes

Mirar a los colibríes es cambiar de ángulo.
Es ver las cosas desde todos los ángulos.
Es aceptar todas nuestras partes. Y las de los demás.
Y reírse de ello.

Un colibrí tiene todos los colores. Nosotros también. Nuestras sombras y nuestras luces.
Das un paso al lado: el verde se vuelve rosa. Luego dorado.
Nada se ha movido, salvo tú.

Para qué sirve una ficha práctica

Para probar una herramienta.
Para cambiar de ángulo.
Para reírte de algo que esta mañana te pesaba.

Lo que no es

No es una terapia.
No es un diagnóstico.
No es un tribunal: no buscamos culpables.
No es un manual de buenos modales. Haces lo que quieras.

Su objetivo

Aceptar que somos humanos. Y falibles.
Nuestras partes de sombra. Nuestras partes de luz.
Desdramatizar, para quitar las resistencias.
No juzgarse. No juzgar a los demás.
Reírse. Es más eficaz, y más divertido.

Aquí no juzgamos a nadie. Y a ti menos que a nadie.
No sabemos nada que tú no sepas. Solo hemos escrito herramientas.

De dónde salen estas fichas

No se han inventado. Han salido de una novela, capítulo tras capítulo — y en el orden en que las aprendí. No en el orden lógico: en el orden en que me cayeron encima.

Lo que da, puesto todo seguido:
No dejarse atrapar entre dos.
No tener que demostrar lo que uno vale.
Entender al otro sin cargar con lo que es suyo.
Detectar lo que se repite.
Poner el límite, y mantenerlo.
Nombrar la maniobra basta para desactivarla.
Salir cuando los que juzgan son los que acusan.
Escuchar al cuerpo, que responde antes que nosotros.
Elegir lo que uno se queda.
Y por último: elegir hacia dónde va.

Esa lógica solo la vi después, al releer. Por eso se sostiene: nadie la dibujó de antemano.

Si algo te supera, ve a ver a un profesional. Una ficha es una herramienta, no un médico.