
Descubre los hilos conductores de la novela
¿Has terminado el libro? Ven a ver lo que quizá no habías notado: hay hilos conductores que recorren la novela. Para descubrirlos, haz clic en el recuadro, aquí debajo.
Los hilos conductores de la novela
Seas periodista, bloguero o creador, elige tu hilo conductor para lo que quieras hacer
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Un hilo = haz un vídeo sobre los entresijos de la novela. Elige el hilo que te hable, o encuentra los tuyos.
🎨 Creadores
Un hilo = desenróllalo en cómic, en serie o en canción.
Todos los hilos conductores
01La hamaca y los colibríes el refugio
Para Coraline, su hamaca es su paz interior: «mi zona protegida, no un open space» (cap. 1). Desde allí observa a los colibríes, la metáfora de todas nuestras facetas: las suyas, las del Vikingo, las de sus padres, las de todo el mundo. Los ve desde todos los ángulos, para comprenderlos y aceptarlos mejor: «todas mis versiones de mí que tienen miedo, que se protegen, que se quedan paralizadas, o que se ríen de ello» (cap. 39). Aceptar a los colibríes le permite vivir en paz en su hamaca. Pero de tanto protegerse, su hamaca se convierte en…: «el búnker impide las bombas, pero también los besos» (cap. 43). En cuanto se da cuenta, sale de ella: «No he cambiado de naturaleza. He cambiado de mirada.» (cap. 47). A partir de ahí, propone a los lectores crear con ellos: «Mi libro se convierte en un terreno de juego, una puerta abierta» (cap. 47).
02Mi pluma es mi NO el propósito del libro
Para Coraline, decir NO le genera muchísima ansiedad, y no sabe por qué. Le cuesta mucho decirlo, y cuando lo dice: «¡Es increíble cómo una palabrita de dos letras puede desencadenar una guerra fría!» (cap. 18). Los que están acostumbrados a que diga que sí a todo no lo entienden, y reaccionan todavía con más fuerza. Para ella es aún más duro, porque hace todo lo posible por no disgustar. Y cuando uno no sabe decir NO, los demás abusan. Sufre los abusos de poder, y se agota: «de tanto no saber decir que no, siempre atraigo los mismos problemas.» (cap. 29). Al llegar al límite, ya no le quedan fuerzas, y es su cuerpo el que dice NO en su lugar: «se instala un NO silencioso. Se sostiene solo. Sin emoción.» (cap. 35). Como no consigue decir NO en el momento, coge la pluma para escribir todo lo que no pudo decir: sus emociones guardadas, sus conflictos, su burla de sí misma. La clave llega mucho más tarde: «Decir NO = peligro de muerte + culpa.» (cap. 39). Por fin ve lo que le era totalmente inconsciente: un acontecimiento de su infancia creó ese vínculo. Su reflejo de supervivencia era adaptarse, por miedo a que sus seres queridos murieran. Una vez comprendido el origen, desactiva el NO, y por fin lo dice sin culpa. Dice NO a los abusos, para respetarse: «Mi pluma es mi no. Un no tranquilo, vivo, que protege la paz. No contra los demás, para mí.» (cap. 47).
03Rabia volcán, lava, creación
Para Coraline, decir NO es desencadenar un conflicto, y el conflicto es lo peor para ella. Así que hace todo lo posible por evitarlo: para no disgustar, dice que sí. Pero ocurre justo lo contrario: «con el Vikingo, ¡se repite el mismo guion!» (cap. 17). Y sin embargo lo ve claro: «¡Estoy furiosa! Y soy demasiado lúcida para seguir estándolo.» (cap. 1). Pero en el momento de decir NO: «me quedé simplemente… paralizada, mi lógica estaba fuera de servicio» (cap. 39). Así que se aguanta, y la rabia se acumula: «¡siento que me sube una FURIA! — ¡Esta vez, la respuesta es NO!» (cap. 1). Cuando ya no puede más, el volcán explota: «la mayor erupción de la época moderna» (cap. 32). Quien sabe decir NO sobre la marcha no necesita enfadarse. Coraline, en cambio, ve sus colibríes y los de los demás, desde todos los ángulos. No quiere que su rabia sirva para destruir al otro, sino para vivir. Así que la convierte en otra cosa: «reciclar mi furia en compost creativo. Es muy ecológico.» (cap. 1). Y el humor la ayuda a quitarle hierro, no a atacar al otro: «Que transforma mi rabia en perspectiva.» (cap. 10).
04Retrovisor el patrón que se repite
El retrovisor es la metáfora de un viejo patrón inconsciente que se vuelve a representar, aunque ya no tenga nada que ver con la situación presente. En el capítulo 4, el Vikingo discute con un desconocido por un retrovisor roto, y es Coraline quien paga la ronda: «el retrovisor se convirtió en el arma del crimen… de toda nuestra relación» (cap. 4). El Vikingo repite lo que vivió de niño con sus padres, supuestamente: «El padre se la guardó a su hijo por ¡alta traición! El hijo se la guardó a su madre, por el mismo motivo.» (cap. 10). Se ha quedado con sus emociones de niño. Con una mirada adulta, vería otra cosa, pero es incapaz. En cuanto entra en conflicto con alguien, le cae encima a ella: «Atrapada entre dos gallitos, uno abusón, el otro controlador, volvía a interpretar el remake del retrovisor, versión extendida.» (cap. 15). Coraline, por su parte, repite lo que hacía de niña cuando sus padres alzaban la voz: «me callaba, apretaba los dientes, ganaba tiempo.» (cap. 15). Cada uno se siente abandonado por el otro, y eso es lo que lastra su relación. En el momento, ella no entiende su patrón, pero siente que algo no va bien. Así que se niega a seguirlo: «¿Para depender de ti? No, gracias.» (cap. 15). Para él, es una falta: «¡Encantador! ¡Me tomaste como rehén! Me obligaste a quedarme contigo.» (cap. 15). Y la guerra fría se convierte en guerra abierta. Ella solo comprende el patrón del Vikingo al escribir el libro.
05Quitar el sonido la disociación protectora
Cuando el ruido de los demás se vuelve demasiado fuerte, Coraline se protege: «Desde mi silencio interior acolchado, los miro gesticular, sin oírlos de verdad.» (cap. 4). Hasta lo convierte en un juego: «Me quedo solo con las imágenes y cambio la banda sonora por Los peces en el río, versión hard rock.» (cap. 16). Después de los abusos y del burn-out, se repliega en su burbuja, el tiempo de comprender las lecciones, para no repetirlas: «encerrarme a escribir había sido un reflejo de supervivencia. Decir que no, también. Útiles durante un tiempo, pero eso no era vivir.» (cap. 47). Luego, al final del libro: «Creo para vivir, salir de mi burbuja, volver a la vida.» (cap. 47).
06Navegar juntos el barco como relación
Coraline cuenta su relación en términos de navegación. Desde la primera salida al mar, una clase de inglés anuncia lo que viene: «Sí, es verdad: “sujetar”… nunca “atrapar”.» (cap. 5). Al principio, avanzan juntos: «Formamos un equipo, vamos en el mismo barco.» (cap. 9). Luego la vida a bordo se convierte en una pesadilla, y ella encuentra el nombre del barco: «¡La galera!» (cap. 28). Hasta el final: «el Vikingo soltó amarras.» (cap. 38).
07El Hacha el miedo hecho persona
En segundo grado, El Hacha es la metáfora hecha persona de la amenaza que representa el Vikingo, y sobre todo del miedo de Coraline. Cuando el Vikingo se protege, es a ella a quien pone en peligro. Si escribe su libro, la amenaza: «Cuidado con lo que dices o te pongo una demanda.» (cap. 1). La vigila de lejos, y dice protegerla: «mi hombre de confianza se encarga de su protección. El Hacha es todo un capo, con él está a salvo.» (cap. 1). Ella ve en ello una cárcel: «No puedo crear bajo control.» (cap. 46). En primer grado, El Hacha es un vikingo mafioso enorme, ahí para dar miedo. Pero nunca dice nada. Su madre lo domestica, su sobrina le hace trenzas: «¡El Hacha, eres inmenso, pareces Jason Momoa! Toma, Mamá me ha dado un regalito para ti, te ha guardado un trozo de osobuco.» (cap. 27). Mientras uno tiene miedo, ve a un mafioso. En cuanto se relaja, descubre a un ser humano majo.
08Chivo expiatorio el abuso de poder
Es uno de los grandes temas del libro: los que tienen el poder acusan a los demás para librarse de sus propias culpas. Coraline lo aprende muy pronto: «para esquivar los rayos y centellas de esos que, cuando quieren matar a su perro, dicen que tiene la rabia, tenía que pedir perdón, como mínimo, por aquello de lo que no era responsable» (cap. 6). Tienen miedo de perder el control, así que proyectan sus miedos sobre los demás, y los usan como objetos. Fingen ayudar, y luego te dejan tirado en el peor momento. El Vikingo lo hace con los que lo quieren, para curtirlos a la fuerza: «Les das un paraguas cuando hace sol y se lo quitas cuando llueve.» (cap. 10). En el trabajo, su jefa, Ça, lo convierte en un sistema: «Ça decide, delega y acusa a sus subordinados, para evitar que sus propios errores le caigan encima.» (cap. 31). Los que se resisten acaban triturados: «Ça convierte a los rebeldes en tarros de mermelada.» (cap. 31). Y mientras Coraline no sepa decir NO, sigue siendo su blanco: «Mientras no sepas decir NO, eres el blanco perfecto de los manipuladores, juez y parte a la vez.» (cap. 39).
09Jekyll y Hyde el cerebro en modo supervivencia
El Vikingo cambia de cara según la hora y el número de cervezas. En lugar de juzgarlo, Coraline intenta comprender, y lo convierte en una tesis: «Sobrio, habla con lógica. Con alcohol, su lógica ve un programa tranquilo mientras sus emociones y su instinto de supervivencia se ponen una peli de guerra en bucle.» (cap. 19). Cada uno tiene su sistema de defensa: «Yo me callo. Tú luchas o desapareces. 2 estilos. La misma peli.» (cap. 39). Y detrás de cada defensa hay un miedo: «nadie se vuelve excesivo por gusto. Detrás de nuestros comportamientos, siempre hay un miedo muy concreto.» (cap. 43). Para salir de ahí, observa su propio cerebro, y se ríe de él: «observo mi cerebro y sus 3 voces: la razón — Todo bien. Improviso. la emoción — Es un drama. la supervivencia — ¡Sálvese quien pueda!» (cap. 44).
10Muros y hormigón las defensas
Cada uno tiene su muro, y su fórmula para sostenerlo: «todo irá bien» para ella, «no necesito a nadie» para él (cap. 10). Es lo que los atrae, y lo que los bloquea: «Nos reconocimos a través del hormigón.» (cap. 10). El muro cae cuando Coraline deja de querer convencer: «No aplasto a nadie, no impongo nada, abro ventanas.» (cap. 25).
11Campo de batalla interior la hipervigilancia
Primero es el Vikingo quien vive en alerta roja. Vuelve de una guerra que lo atormenta: «la guerra de las Tierras Quemadas, donde el Vikingo perdió el alma. Los fantasmas de las víctimas inocentes siguen atormentándolo.» (cap. 23). Coraline, por su parte, lo capta todo: «Capto las emociones de los demás sin querer queriendo, un poco como un radar de largo alcance.» (cap. 1). Percibe su estado sin entender lo que pasa: «el Vikingo en alerta roja está al borde de la implosión» (cap. 32). De ahí las palabras de guerra del libro: asedio, bloqueo, búnker, minas antipersona. Pero ella también tiene su propia alarma, nacida de un duelo de la infancia, que suena en bucle sin que ella lo sepa: «Por fuera: calma chicha. Por dentro: alerta roja en bucle.» (cap. 39). La pluma le da la clave: «Tu cerebro de niña creyó un día: si alguien muere, es culpa mía.» (cap. 41). Para salir de ahí, aprende a comprobar los hechos: «Compruébalo: no hay ningún peligro, solo un viejo guion. Fin de la peli, títulos de crédito, telón.» (cap. 43).
12Rey del comercio el consejo trampa
El Vikingo lo vende todo, consejos incluidos: «¡Desciendo directamente de los Dioses del comercio!» (cap. 4). Pero sus consejos la atrapan: «cada uno de sus consejos crea un problema nuevo que el consejo siguiente pretende resolver.» (cap. 13). Para salvarla, decide por ella: «En vez de irte para protegerte, ¿a ti qué te pasa?» (cap. 15). Coraline, por su parte, quiso salvarlo a él: «Voy a quererlo muchísimo y a salvarlo. ¡PIIIP! Spoiler: ¡error garrafal!» (cap. 40). Pero también se resiste, para salvar el pellejo: «Gracias, pero para eso ya tengo enemigos.» (cap. 15).
13El Vikingo semidiós el carisma y su origen
El Vikingo irradia, acapara, manda. El libro da la causa, un padre que exigía lo excepcional: «tienes que hacerlo mejor, eres un semidiós, tienes que ser excepcional. Pero nunca serás suficiente, porque no eres Yo» (cap. 23). Todo lo demás se deriva de ahí: el lujo, la antena de 20 metros, el drak-car XXL. En el capítulo 40, se convierte en el sol mismo: «el sol es el único astro del sistema solar. Así que, como todo gira a Su alrededor, es megalómano, es normal.» (cap. 40).
14Mezcla de géneros la realidad vista como leyenda
Coraline cuenta su vida como una leyenda: «me gusta mezclar géneros, me encanta esa fricción entre universos que nunca deberían haberse cruzado, como el Vikingo y yo» (cap. 20 bis). Una discusión se convierte en una batalla de dioses: «Todos los dioses vikingos se han apoderado de mi cuerpo y aúllan a través de mí.» (cap. 32). Sus voces interiores se convierten en personajes de dibujos animados: «¡tengo a toda la orquesta de los Muppets cantando, una auténtica sinfonía!» (cap. 27).
15TeleKata el condicionamiento
En casa de sus padres como en la del Vikingo, TeleKata suena en bucle, e instala el miedo: «¡Pero miras la guerra como un partido de fútbol! Dos bandos, un decorado, un suspense. Saque inicial a las 20 h. Ansiedad obligatoria.» (cap. 10). Coraline, en cambio, elige lo que mira: «¡rechazo esa violencia mediática, para preservar mi lucidez! Elijo conscientemente lo que quiero ver» (cap. 20 bis). Su antídoto es la risa: «¡hay otras maneras de llorar que delante de TeleKata! Se puede llorar de risa, ¡así se compensa!» (cap. 6 bis). Luego la película pasa al interior: «proyectamos nuestros miedos inconscientes sobre los demás, como una peli de terror en IMAX. Los hacemos culpables de todo. Pero acusar a la pantalla nunca ha cambiado la película.» (cap. 43).
16Crear en vez de destruir el humor sin violencia
Coraline no se venga con el humor: le sirve para pinchar el globo, para quitarle hierro. Es: «El humor. Un arma no violenta contra el pensamiento único.» (cap. 10). Abandona los combates que no son los suyos: «Mi arena es el texto, el humor, la narración, el desfase.» (cap. 25). Se inscribe en una larga tradición: «Voltaire y La Fontaine ya lo usaban para denunciar los abusos y esquivar la censura, yo los imito.» (cap. 44). Los que la hirieron se convierten en personajes: «Convierto los abusos de poder en personajes de libro. No en compañeros de vida.» (cap. 46).
17A contratiempo el pensamiento en arborescencia
Coraline funciona por intuición. La información le llega de golpe, sin explicación lógica, y no la engaña: «Lo veo. Y lo sé. No sé lo que sé. Pero lo sé.» (cap. 3). Ese ritmo no es el de los demás. En la vida, va a destiempo: «Mis réplicas suelen llegar a los postres.» (cap. 2). Su pensamiento avanza en arborescencia: «Una idea llama a otra, se bifurca, zigzaguea, como un relámpago en el cielo.» (cap. 33). Así construyó su libro, sin saber nunca adónde la llevaría cada idea: «Las ideas llegaron como estrellas, una a una, sin plan. Solo al final encajó todo.» (cap. 47).
18«Para nada-para nada» el escándalo desactivado
Coraline se monta toda una película, y luego la realidad cae en 3 palabras: «¡para nada-para nada!». A veces imagina lo peor, que no llega: «Solo que, en aquel momento, no pasó así, ¡para nada-para nada!» (cap. 16). A veces se ve poniendo al otro en su sitio, y no sale nada: «Solo que los líos me dan urticaria. Así que, evidentemente, no dije nada de nada, para nada-para nada, fui muy educada. Me anduve con pies de plomo…» (cap. 17). Es la confesión de la réplica que nunca salió, y la razón de ser del libro: lo que no se dijo, se puede escribir.
19Padres la locomotora y el ancla
Los padres de Coraline son opuestos y complementarios: «Mamá es una locomotora, con ruido y vapor incluidos.» (cap. 6). «Papá es el ancla en la tormenta.» (cap. 6). En su casa, el amor pasa por el control, y el teléfono siempre suena en el peor momento: «Vuestras llamadas son el killer de las oportunidades.» (cap. 3). Ella se ríe: «Han fundado una agencia secreta: el P.I.P.Í. Padres Intrusivos Pendientes de la Intimidad.» (cap. 42). Pero cuando todo se derrumba, están ahí: «mi familia hace piña para consolarme. Están todos ahí, codo con codo, presentes, unidos. Su amor me protege.» (cap. 39).
20Autoironía la joya imperfecta
En su anuncio de citas, Coraline se presenta como un objeto de colección: «¡MODELO RARO! ¡EDICIÓN LIMITADA! … Carrocería original.» (cap. 2). Lo asume: «Soy una galería viviente de autoironía sin complejos.» (cap. 2). No es modestia, es un método aprendido de niña: «aprendí muy pronto a ser la primera en reírme de mí misma, ¡para ganarles por la mano a los guasones!» (cap. 3). En el capítulo 44, lo convierte en un personaje: «Encarno mi personaje del día: Catedrática en Meteduras de Pata, de la Imperfección Alegre.» (cap. 44).
21La Linea el coach interior
La Linea es la voz interior de Coraline, su coach interior: un personaje de dibujos animados, una simple rayita que camina, se cae y se levanta. Aparece ya en el capítulo 15: «A veces, una simple rayita puede expresar lo esencial.» (cap. 15). Refunfuña en cuanto Coraline se toma demasiado en serio: «¡Mírame! ¡Si me caigo, me levanto! ¡No hace falta convertirlo todo en plomo! ¡Hazlo reír, eso es lo esencial!» (cap. 20 bis). Y es ella quien le enseña a quitarle hierro: «¡Si me caigo, me levanto! ¡Eso es la vida de verdad! ¡Hay que quitarle hierro! ¡Si no, la alegría desaparece!» (cap. 41).
22Reírse de lo grave el antídoto contra el dramón
La novela habla de temas pesados, y el propio Vikingo lo dice: «temas plomizos que no le interesan a nadie, salvo a los suicidas…» (cap. 22). Coraline los trata con ligereza, sin caer nunca en lo sombrío: «No al dramón, sí a la dignidad del chivo expiatorio.» (cap. 1). Reírse le permite mantener la cabeza fuera del agua: «El humor y la creatividad son mi kit de supervivencia para tomar perspectiva y mantener cierta distancia lúcida.» (cap. 31). Al final del camino: «Lo he atravesado todo: rabia, miedo, tristeza, humor. He pasado del “lo sufro” al “juego”.» (cap. 46).
23La novela dentro de la novela el cruce de la cuarta pared
El libro habla de su propia fabricación. La autora y su personaje se encuentran en el mismo plató: «me encantaba la idea de invitar al personaje y al autor al mismo plató para confundir a todos» (cap. 20 bis). El personaje impugna el libro que lo cuenta: «Mis abogados la están estudiando.» (cap. 1). La autora le recuerda quién sostiene el lápiz: «Como he creado tu personaje, si cojo una goma, te borro, como a La Linea» (cap. 31). Y la dedicatoria lo enreda todo desde la primera página: «¿Sabes que “el Vikingo” nunca existió?» (cap. 1).
24Llamada al lector el libro abierto
Desde la primera página, la autora habla al lector: «Por favor, no interpretes mi novela. Vive la tuya.» (cap. 1). Lo invita a jugar: «¡A los niños les encanta inventar historias! Todos somos niños grandes, los creadores no tienen edad…» (cap. 20 bis). Hasta le confía la escena que falta: «he decidido pedir a los lectores que lo deseen que escriban esa escena en la que nos reencontramos.» (cap. 45). Al final, el libro le pertenece: «Los lectores pueden escribir, desviar, inventar, imaginar: títulos, escenas, imágenes, músicas, películas interiores.» (cap. 47).
25El universo vikingo la realidad trasladada
Coraline traslada su vida a un universo vikingo inventado, con sus propias palabras: el Bajo Valhalla, el drak-car, la guerra de las Tierras Quemadas, el Tribunal de los Guerreros Vikingos. Estas metáforas hacen reír, y ponen distancia: la ficción ocupa el lugar de la realidad. La autora se lo recuerda al Vikingo desde el principio: «Todos los personajes de esta novela son ficticios. Puedes dormir tranquilo… y esperar sentado tus daños y perjuicios.» (cap. 1).
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